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Telemundo en Casupá: entre el deseo de que haya más empleo y las dudas de productores y trabajadores rurales por el impacto de la represa

Las opciones laborales en Casupá se limitan a los comercios, las oficinas públicas, la policlínica y las tareas de campo.

Telemundo en Casupá: entre el deseo de que haya más empleo y las dudas de productores y trabajadores rurales por el impacto de la represa

Las opciones laborales en Casupá se limitan a los comercios, las oficinas públicas, la policlínica y las tareas de campo.

En la localidad centenaria de Casupá, que tuvo su origen junto a la vía del tren, viven unas 3.000 personas. El tiempo pasa lento y la tranquilidad solo es interrumpida por algún camión que ingrese al pueblo, los niños a la hora de entrada y salida de la escuela, y en temporada, los típicos raid hípicos casupenses.

Las opciones laborales en Casupá se limitan a los comercios, las oficinas públicas, la policlínica y las tareas de campo. Algunos encuentran trabajo en Fray Marcos, a 15 kilómetros, en el frigorífico de San Jacinto, a 50 minutos, o en la ciudad de Florida, a una hora de distancia. En el pueblo, la construcción de la represa genera expectativas.

“Le da otro movimiento al pueblo en general, a los comercios, las casas que se alquilan, en general”, dijo a Telemundo Alejandra Mendiola, comerciante de la localidad. “Es un pueblo realmente muy tranquilo. Lo que sí tenemos es mucha falta de fuentes de trabajo, que es el problema con los jóvenes, que terminan emigrando”, agregó.

“Estoy segura que va a tener un impacto muy positivo en la sociedad, en el trabajo, en toda la parte arquitectónica… pero mientras tanto estamos jugando con las necesidades de la gente, sobre todo de los que están viviendo hoy en día de lo que va a ser la represa porque hay pila de gente que tiene sus campos, sus casas, y que hay que expropiarles, que tienen que salir a reconstruirse”, contó Ana Pereyra Brousse, gestora cultural en Casupá.

“Los jóvenes no saben qué hacer. Es una gran posibilidad para el pueblo. Se va a mover el comercio; yo he visto comerciantes quedarse sin nada”, consideró Elba Cueba, vecina de Casupá. “En ese tiempo la gente va a trabajar y si tiene cabeza a guardar dinero y va a tener una oportunidad”, agregó.

Otra perspectiva es la de los productores, capataces y vecinos del campo, a quienes el Estado deberá expropiarle sus tierras. El impacto es a nivel productivo pero también emocional. “Es una puñalada muy grande. Nos inunda la casa, las mangas. Nos inunda el 40% del terreno más productivo, el mejor, pero eso sería lo menos porque en definitiva lo pagan. Lo que sí, se afecta un recurso que es invalorable ecológicamente”, afirmó Marcello Graglia, productor ganadero en Lavalleja.

“Nos corta el campo en dos, tenemos áreas que no tapa el 100% de los campos y el tema es por dónde vamos a sacar la producción y si la vamos a poder seguir realizando”, añadió, por su parte, el productor Alejandro Costa. "Nosotros compramos hace cuatro años y pagamos unos US$ 6.000. Y el problema no es lo que nos expropian, sino lo que nos quede, qué destino le vamos a dar”, aseguró.

“A nosotros nos van a tapar todo el campo… la felicidad más grande para mí”, contó, entre lágrimas, Mónica Ferreira, vecina de Casupá.

Las tierras de la familia Del Puerto están junto a la futura represa y serán de las primeras inundadas. El tátara abuelo de Jorge las compró en 1853 a doña Concepción Trías de Artigas. “El marido de esa señora era Fernando Artigas, que era uno de los muchos hijos de Manuel Francisco Artigas y los Artigas eran linderos de esas tierras, digamos”, explicó Jorge del Puerto, vecino de Casupá.

“Cuando se hizo la venta figuraron la propiedad del campo de la señora, y la manguera, un monte de membrillo y unos paraísos eran propiedad del marido, una cosa que yo no conocía… y la paga fue también diferenciada; el campo se lo pagaron a la señora y esas mejoras al marido”, detalló.

Las llamadas “mangueras de Artigas”, presentes en varios campos de la zona, son muros de piedra construido hace más de 200 años. Parte de ese legado histórico y arqueológico quedará bajo agua.

“Es un corral de piedra que tiene una historia riquísima. Los postes de piedra se cortaban en ese mismo campo, de esa manguera a la cañada hay una cantidad de árboles y de piedras que se les ve claramente las marcas donde clavaban los punzones", subrayó.

Jorge, que hoy vive en Canelones, entiende que la represa se tenga que hacer pero espera que tras la obra la zona no sufra un bajón, como otros puntos del interior. "Yo no digo ni que hay que hacerlo ni que no hay que hacerlo, pero que nos afecta desde lo afectivo es evidente. Porque es parte de nuestra vida”, expresó.

La represa trae enormes desafíos para algunos y grandes oportunidades para otros. La promesa de una obra que nutra de agua al sur del país no pasará por alto en Casupá, que en guaraní –caa guasu pa- significa “el fin de la selva grande”.

Fuente: Teledoce

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