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De andar en monopatín en Montevideo a recorrer Uruguay a caballo: la historia de Andrés

El jinete recorrió durante seis meses más de 2.200 km para reivindicar “una parte de la cultura que se está perdiendo”.

De andar en monopatín en Montevideo a recorrer Uruguay a caballo: la historia de Andrés

El jinete recorrió durante seis meses más de 2.200 km para reivindicar “una parte de la cultura que se está perdiendo”.

Por Pedro Dutour
@PedroDutour

Andrés Medina cruzó Uruguay a caballo durante más de medio año. En una decisión personal que maduraba desde hacía un buen tiempo, partió desde el departamento de Paysandú y volvió al mismo punto tras recorrer más de 2.200 kilómetros por rutas rurales, estancias y zonas naturales del país.

Medina tiene 29 años, nació en Tranqueras y estudió agronomía en Montevideo. En el camino dejó la rutina universitaria, armó un proyecto factible y lo afinó durante años hasta concretarlo. “Yo soy de Tranqueras, nacido acá”, aclara, por las dudas, a Montevideo Portal al recordar su origen.

La iniciativa venía con una planificación de una década, nada menos. Medina lo ubica en 2016, cuando escuchó a dos gauchos hablar de una recorrida a caballo por el país con destino a la Patria Gaucha en Tacuarembó. Tenía poco más de 18 años. “Me quedó eso, como que algún día iría a hacer esto”, recuerda.

Años después, otra historia lo empujó a concretarlo. En 2020 conoció el caso de Martín González, ingeniero agrónomo que había realizado una travesía similar. Ese antecedente funcionó como confirmación. “Cuando vi que ellos estaban haciendo eso fue lo último que faltaba para convencerme”, explica.

La decisión final llegó mientras todavía estaba en Montevideo. Estudiaba agronomía en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UDE y en paralelo comenzó a diseñar el recorrido. Buscó apoyos, contactó empresas y empezó a resolver cómo desarrollar el itinerario.

La preparación en Paysandú

Antes de salir pasó varios meses en una estancia en Paysandú. Allí se vinculó con la Cabaña La Pacífica, en la estancia Santa Eufemia, cercana al arroyo Celestino, donde se abocó al manejo de los caballos y ajustó su preparación. Fueron casi cuatro meses de trabajo previo. “Me tuve que acostumbrar de nuevo a andar a caballo todos los días. En Montevideo andaba en monopatín y de un día para el otro estaba arriba de un caballo”, recuerda con cierto humor.

La preparación, además de lo físico, también implicó ordenar el mapa mental del recorrido. Medina había pensado inicialmente en una ruta amplia, conectada por áreas protegidas. Con el tiempo trazó ese plan hasta convertirlo en una secuencia posible. Cabo Polonio, Laguna de Rocha, Laguna Garzón y otros puntos del este, y por supuesto del litoral, quedaron incluidos en ese esquema inicial.

El viaje comenzó el pasado 10 de noviembre. Salió con dos caballos, aunque en algunos kilómetros ajustó la carga y sumó uno más. La decisión de alternar animales resultó clave en toda la travesía. “Había que ver qué caballos sí y qué caballos no”, explica.

Andrés Medina

Desde el punto de partida, en el norte del país, inició un recorrido hacia el sur y el litoral. Pasó por San Javier, cruzó zonas de Esteros de Farrapos, ambos en el departamento de Río Negro, y llegó a Mercedes, en Soriano, Trinidad y Chamangá en Flores y luego avanzó hacia el este, con una escala en Santa Lucía, en el departamento de Canelones, al igual que en la Estación Las Flores, en Maldonado.

La realidad es que en el camino integró lugares que no siempre estaban en el plan inicial. Medina lo define como un trazado flexible que dependía del clima, del estado de los caballos y de las posibilidades de descanso. “Uno tiene que fijar una ruta y después en el camino la va modificando”, señala.

El país a la altura del caballo

Uno de los ejes del viaje estaba representado por las áreas protegidas. Laguna de Rocha, Laguna Garzón, Cabo Polonio y otras zonas del sistema natural uruguayo se convirtieron en referencias del trayecto. Por esa zona, en el departamento de Rocha, también estuvo en La Paloma, Valizas, Aguas Dulces, Castillos, Lazcano y José Pedro Varela.

Hubo pausas largas en estancias, jornadas de descanso para los animales y tramos donde el clima obligó a detener la marcha. En enero realizó una pausa prolongada antes de retomar el recorrido con un tercer caballo prestado. “Cuando uno empieza a ver los caballos empieza a conocerlos”, dice.

El viaje también tuvo un componente social intenso. Medina pasó muchas noches en estancias, donde fue recibido por familias rurales. “Me dieron cama, agua caliente, comida, me trataron como uno más de la familia”, cuenta. Lugares donde solicitaba, previamente, la “quedada”, como se le dice en la jerga campera el pedir alojamiento (cabe decir que no todos le decían que sí). Solo en unas 15 noches durmió al aire libre, siempre bajo resguardo mínimo.

Andrés Medina

Caballos, ritmo y resistencia

Medina utilizó tres caballos criollos ­(Cabo Reyes y Pacífica Capibara se llamaban los caballos que le prestó la Cabaña La Pacífica, los que estuvieron durante todo el trayecto), lo que para el jinete tiene una explicación: por la resistencia de la raza y su capacidad de recuperación. “Son caballos que hacen mil kilómetros, descansan una semana y están listos de nuevo”, subraya.

El ritmo diario estaba condicionado por el clima y la salud de los animales. En verano salía muy temprano y detenía el paso antes del calor fuerte a media mañana. Luego retomaba ruta cerca del fin de la tarde. El promedio semanal rondaba los cien kilómetros, con alternancia de días de marcha y descanso.

El regreso y el corte del camino

La ruta terminó cerrándose hacia el norte nuevamente, después de pasar por el este, el litoral y parte del centro del país. Uno de los puntos principales de la ruta se encontraba en la participación en la Patria Gaucha, en marzo, en la ciudad de Tacuarembó. “Estuve casi toda la semana en la Patria Gaucha, del martes al domingo”, dice.

En San Gregorio de Polanco realizó un tramo adicional de más de cien kilómetros que luego repitió parcialmente en vehículo para reorganizar el avance de los caballos.

Tras un descanso de 15 días a los equinos, emprendió rumbo a Tranqueras, su pueblo natal, Valle del Lunarejo hasta llegar a Masoller, todo en el departamento de Rivera. En tierras artiguenses, pasó por pueblos como Diego Lamas o Baltazar Brum; en el departamento de Salto estuvo en las Termas del Arapey, en Daymán y en Colonia Lavalleja. Y ya enfilando hacia el destino final, pasó por Piñera, en el departamento de Paysandú, y por Algorta en Río Negro.

Andrés Medina

En ese último recorrido debió modificar su planificación original. Tenía previsto extender el camino hacia otras zonas más al norte incluso, como alcanzar Bella Unión en el departamento de Artigas, pero la falta de tiempo lo obligó a ajustar el regreso.

El viaje concluyó en el mismo establecimiento desde donde había salido, en Paysandú, después de seis meses y medio. El total estimado superó los 2.200 kilómetros, aunque Medina calcula que el recorrido real pudo haber sido mayor.

El después del viaje

El regreso dejó a Medina con una carga de mensajes, entrevistas y propuestas para realizar en el futuro. Pero también con la idea de procesar lo vivido antes de decidir el próximo paso. “Estoy descansando y asimilando lo que hice”, asegura.

Entre los proyectos por venir aparece una nueva travesía, más corta, vinculada a marchas tradicionales del país, como el Encuentro con el Patriarca que tiene lugar cada setiembre en la Meseta de Artigas. También la posibilidad de escribir un libro sobre la experiencia. Por ahora lo dejó en pausa. “Quería empezar a escribir y dije no, pará”, señala.

En los últimos días del viaje se sumó un fotógrafo brasileño que registró la travesía para un documental titulado Libertad Criolla, que busca retratar la vida a caballo y las tradiciones rurales.

Andrés Medina

De cualquier modo, Medina interpreta su experiencia como una continuidad de prácticas ancestrales. “Nuestros antecesores lo hicieron por ideales, por la historia del país. Yo lo único que hago es reivindicar una parte de la cultura que se está perdiendo”, remata.

 

 


 

Fuente: Montevideo Portal

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