
“Me dijo algo”: noche en el Castillo de Piria entre voces y una figura que nadie explica
Un investigador uruguayo pasó horas solo en el edificio de Piriápolis; sus registros alimentan un debate tan antiguo como inconcluso.
Pedro Dutour
Hay lugares donde las historias sobreviven al paso del tiempo con una persistencia difícil de ignorar. El ambiente y su tradición tienen esos componentes clave para mantener viva la historia o la leyenda. El Castillo de Piria, levantado a fines del siglo XIX sobre las sierras de Piriápolis, integra desde hace décadas ese reducido grupo de edificios alrededor de los cuales circulan relatos de apariciones y episodios que no encuentran explicaciones de modo racional.
Esa reputación, precisamente, llevó a Nicolás Rodríguez, investigador de fenómenos paranormales y quien documenta todo en el canal Shaka Paranormal en YouTube, a realizar dos visitas al lugar. La primera ocurrió durante el día, con el objetivo de conocer el edificio y gestionar los permisos necesarios. La segunda —acompañado por Esteban Mujica, del canal La Cripta—, ya con el castillo cerrado al público y sin suministro eléctrico, se extendió durante la noche.
De aquellas horas surgieron registros que, según afirma, todavía no ha logrado explicar por completo. Voces captadas en grabaciones, lecturas electromagnéticas inesperadas y una fotografía en la que aparece una figura humana son algunos de los elementos que documentó durante la experiencia.
Rodríguez relató a Montevideo Portal que una de las situaciones que más llamó su atención sucedió antes, incluso, de comenzar la investigación nocturna. Durante una visita anterior, dos turistas que recorrían el castillo tomaron varias fotografías y luego se las enviaron. “Había una imagen que tenía algo que no debería estar ahí. Como investigador no puedo decir qué es, pero sí afirmar que aparece algo que no tendría que aparecer”, subrayó.
En la fotografía, tomada en una habitación del segundo piso, se conserva una cama antigua. Según explicó, el archivo se sometió luego a distintos análisis para descartar manipulaciones digitales. “La foto es original. Se revisaron los metadatos y no encontramos indicios de edición. Lo que muestra es una persona que no debería estar en ese lugar”, afirmó.
Una voz en las caballerizas
Durante la recorrida nocturna, una de las experiencias más significativas se produjo en el sector de las antiguas caballerizas. Rodríguez asegura haber escuchado una voz masculina mientras se encontraba solo.
“Me dijo algo puntual. Lo identifiqué enseguida, porque no sonaba como un eco. Yo venía escuchando el eco constantemente mientras hablaba. Esto era diferente”, recordó.
La situación adquirió una dimensión adicional cuando revisó el material grabado. El investigador contó que en uno de los registros detectó un sonido que, inicialmente, pasó inadvertido y que decidió analizar posteriormente.

“Tuve que invertir el audio para entender lo que decía. Nunca me había pasado algo así. No solamente escuché algo en el lugar, sino que después encontré una respuesta que apareció al procesar la grabación”, dijo.
Pese a ello, reconoce que el registro está lejos de constituir una prueba concluyente. “No sé qué es. Lo único que puedo decir es que sucedió”, agregó quien suele remarcar que se basa en los hechos y que la interpretación se la deja a otros.
Mediciones sin explicación inmediata
Otro de los elementos que destaca son las alteraciones registradas por los equipos que utilizó durante la investigación. Según remarcó, al ingresar al castillo se bajó la llave general de energía para evitar interferencias eléctricas.
Así y todo, algunos dispositivos detectaron variaciones electromagnéticas en sectores específicos del edificio. “Hubo mediciones que no deberían haberse producido porque no había corriente eléctrica funcionando”, aseguró.
También describió comportamientos extraños en una habitación asociada a la fotografía que recibió de las visitantes. “La linterna empezó a perder intensidad como si la batería se estuviera agotando. La saqué de ese cuarto y volvió a funcionar normalmente durante toda la noche”.
Rodríguez subraya que esos aparatos no detectan fantasmas ni entidades sobrenaturales, sino campos electromagnéticos. “Muchas veces se vende la idea de que estos equipos identifican espíritus, y eso no es cierto. Lo que miden son variaciones electromagnéticas. Después, cómo se interpreta eso, es otra discusión”, insistió.
Evidencia y moderación
A diferencia de otros investigadores vinculados al mundo paranormal, Rodríguez procura mantener distancia respecto de las explicaciones categóricas. De profesión desarrollador de software, asegura que intenta abordar cada caso desde una lógica basada en registros y observaciones verificables.

“Yo no soy creyente. Siempre digo que creer no es saber. Mi trabajo consiste en documentar fenómenos, no en adjudicarlos automáticamente a fantasmas, demonios o cualquier otra cosa”, aclaró.
Esa postura, afirma, le ha permitido evitar conclusiones apresuradas. “El fenómeno existe porque queda registrado. Que se muevan objetos, que aparezcan voces o que ocurran determinadas situaciones son hechos que se pueden documentar. Lo que no sabemos con certeza es qué los provoca”, continuó en la misma línea.
Un castillo misterioso
Las experiencias registradas por Rodríguez vuelven a colocar al Castillo de Piria en el centro de una larga tradición de relatos que acompañan al edificio desde hace décadas. Entre las figuras históricas que suelen aparecer en esas narraciones figura Emilia Franz, esposa del empresario y fundador de Piriápolis, Francisco Piria. Algunos visitantes han asociado la silueta captada en la fotografía con antiguos retratos de ella, aunque no existe evidencia que permita respaldar esa hipótesis.
Para Rodríguez, sin embargo, el valor de la experiencia no reside en confirmar leyendas. “Voy a los lugares a ver qué pasa. Si no ocurre nada, lo digo. Y si sucede algo extraño, también. Después, cada uno sacará sus conclusiones”, señaló.

Una década
Rodríguez afirma que comenzó a dedicarse a este tipo de investigaciones en 2016, aunque el canal en YouTube lo creó en 2019.
Describe su trabajo como un abordaje directo a situaciones que exceden lo psicológico o lo médico, y que en varios casos debe primero descartar condiciones clínicas o tratamientos farmacológicos antes de avanzar con la investigación.
“Tengo, por ejemplo, algunos casos de familia, en los cuales me llaman porque el niño ve determinadas cuestiones o la señora de la casa ve determinadas cosas; ahí debo preguntar si la persona es enferma, si está medicada, o sea, sacar todo ese tema”, mencionó.
“Me acuerdo de la más llamativa: una señora que tenía esquizofrenia veía cosas que solamente las veía en la casa. Pero el marido empezó a ver lo mismo, y los hijos también. O era una esquizofrenia colectiva, que yo creo que eso no existe, o había algo más”, expresó.
El investigador asegura haber atravesado situaciones similares en otros países y mencionó específicamente una experiencia en Nicaragua, en un entorno que describe como una cárcel abandonada en las cercanías de Managua. “Estábamos en una cárcel abandonada, entre dos volcanes, y la persona que me acompañaba empezó a sufrir algo raro y comenzó a autoinfligirse daño en la oscuridad”, relató.
Más allá de los episodios de riesgo, Rodríguez describe su metodología como una forma de exposición directa a los fenómenos que investiga. Según dice, no se limita a la observación a distancia, sino que busca experimentar los hechos en el lugar.
“Una vez me dijeron: “Allá en el Molino Quemado, en Colonia, a las 11:00 de la noche, sale una mujer vestida de blanco del pozo que hay enfrente. Y fui y me senté a esperarla, con mucho frío, con mate y bizcochos”, dijo. “Me dicen: pasa esto, listo, yo voy y veo qué pasa”, remató Rodríguez.
Fuente: Montevideo Portal