
Quién era Amparo Fernández, asesinada hace siete años y cuyo cuerpo no volvió a su familia
La víctima, de 36 años y tres hijos, subió un video en sus redes sociales filmado por su asesino el día en que la mató.
Por Joaquín Symonds
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La muerte destruye un poco a los vivos y, con el paso del tiempo, hay un convencimiento de que el dolor se adormece. El olvido, para muchos una utopía, es para la familia de Amparo Fernández una pesadilla que hace siete años la persigue.
Amparo fue una de las 25 mujeres asesinadas en 2019, pero la única de ese año —y de las pocas a nivel nacional— cuyo cuerpo aún no ha sido encontrado, pese a que el hombre que confesó el asesinato está preso.
Fernández, enfermera de profesión y con tres hijos, vivía en Paysandú. El 29 de junio de 2019 viajó a Sarandí Grande para encontrarse con Luis de Orta. Cuando Anahí, la prima de Amparo, se refiere a Orta le dice el “imputado” o el “desgraciado”.
De Orta y Amparo tenían una relación sentimental informal y, entre otras cosas, compartían el gusto por los caballos. El motivo de ese viaje, más allá de verse, era que el hombre le había prometido a la mujer de 36 años que le regalaría un equino. Nunca volvió.
El pasaje de regreso estaba marcado para el domingo 30 pero Amparo dejó de responder mensajes, llamados, y entonces la sospecha de que algo le había pasado comenzó a crecer.
De Orta cambió varias veces de versión a lo largo del proceso judicial, mientras que su defensa repetía cada vez que podía, como una especie de mantra, que “sin cuerpo no hay delito comprobable”.
Esta verdad jurídica es contradicha, dice Anahí, con una certeza sentimental: “Sin cuerpo para nosotros tampoco hay Amparo”.
La primera versión de De Orta fue que Fernández había tenido un accidente y que él se había “asustado”, procediendo luego a tirar el cuerpo en aguas del río Yi.
El punto clave para la Fiscalía es el testimonio del hermano de De Orta, quien aseguró que el 29 de junio Fernández pasó junto al hombre e hicieron actividades durante todo el día. Agregó que el hombre le llegó a regalar el caballo que le había prometido. De hecho, el individuo la filmó montando el equino y la mujer subió el video a sus redes sociales el día en el que la asesinaron.
Hacia el final de la tarde, Fernández y De Orta mantuvieron una fuerte discusión que se sintió desde afuera de la casa, según el testimonio de su hermano. Amparo, ante la tensión de lo sucedido, quiso adelantar su pasaje de regreso a Paysandú e irse de Sarandí Grande el mismo sábado.
Nadie sabe si De Orta accedió a llevarla a cambiar el pasaje, pero sí que ambos subieron a la camioneta del hombre. Esa fue la última vez que vieron a Amparo con vida.
El dolor
Román es uno de los hijos de Amparo y cuenta a Montevideo Portal que desde hace siete años hay una parte de su vida que está inconclusa. El joven no ha tenido oportunidad de cerrar, si es que se puede, una etapa, porque la realidad es que todos saben que su madre está muerta, pero nadie sabe dónde.
Román repite que su vida desde entonces ha sido “complicada” y que Paysandú le recuerda todo el tiempo que su madre está muerta, porque desde lo sucedido con Amparo el joven terminó “siendo el hijo de”. “En lo académico, yo estudio Formación Docente, y muchas veces pienso que me tienen lástima”, agregó.
La familia de Amparo, precisamente uno de sus hermanos llamado Rodrigo, le envió una carta a De Orta cuando él ya tenía una condena firme de 26 años. La intención no era dialogar para reprocharle nada, sino obtener una explicación de qué había pasado y dónde había desechado el cuerpo.
La respuesta fue negativa, porque De Orta le respondió que no estaba dispuesto a hablar.
Los asesinos tienen dos momentos claros de poder: previo a consumar el acto y posteriormente, porque saben la verdad de qué sucedió con esa vida.
Anahí, la prima de Amparo, dice a Montevideo Portal que De Orta sigue teniendo una información que lo pone un escalón por encima de ellos: sabe dónde está el cuerpo de la víctima.
Fuentes policiales, que estaban al frente de la investigación del caso en su momento, explicaron a Montevideo Portal que hubo varias puntas a través de las que se buscó el cuerpo de Amparo.
En los alrededores de la casa de De Orta, en las aguas del río Yi y en las viviendas aledañas al terreno de la vivienda del condenado. Sin embargo, en todos los casos la conclusión fue de descarte, es decir, no había posibilidad de que el cadáver estuviera en los sitios donde se buscó.
Y De Orta nunca dijo dónde estaba Amparo, pese a los intentos de la Policía y de la Fiscalía. “Yo lo interrogué varias veces a De Orta. Él sabía que estaba hasta las manos, pero nunca aflojó, nunca nos dio una pista certera. Todo lo que nos dijo fue para distraer”, comentó uno de los informantes a Montevideo Portal.
De Orta manejó las “marionetas” como quiso, según el informante, porque incluso después de la sentencia se acercó a uno de los investigadores y le comentó que diría dónde estaba el cuerpo.
En ese momento, se activó un protocolo de protección, las autoridades montaron un operativo y llevaron al condenado al sitio marcado. Sin embargo, como antes, Amparo no estaba donde decía su asesino.
El miedo al olvido
Nadie sabe dónde está Amparo y han pasado situaciones insólitas, como que la Red de Atención de Primer Nivel de ASSE publicó a fines del año pasado, en el Diario Oficial, que Fernández se debía presentar a trabajar “bajo apercibimiento de renuncia tácita”.
Anahí dice que el caso de su prima es como una bola de nieve que crece, con situaciones como la de ASSE, pero que luego se derrite rápidamente.
Las fechas de los cumpleaños, los festejos de fin de año y el aniversario de su muerte lo único que hacen es agendar esa sensación de que el cierre aún no ha llegado.
¿Qué hizo De Orta? ¿Dónde colocó el cuerpo? ¿Por qué discutió con Amparo? ¿Por qué no dio un solo dato más después de que recibió la sentencia? Son las dudas que le quedan a la familia Fernández.
Román y Anahí dicen que es muy difícil plasmar lo que sienten, pero dejan claro que lo que necesitan son respuestas a preguntas que hace siete años siguen inconclusas.
Para no olvidarse, la prima de Amparo responde que siempre busca recordarla en las pequeñas acciones. Román acota que su madre era muy graciosa, que tenía salidas ácidas a situaciones incómodas y que eso la caracterizaba.
“Creo que no hay nadie, no me tocó por lo menos, que nos diga algo malo de Amparo”, comenta Anahí entre lágrimas.
Anahí dice que aún la familia Fernández está rota. Amparo tenía una relación cercana con su prima, por lo que también con sus tres hijos, y todos ellos sienten que no pueden permitir que se olvide el caso.
Anahí ve a Amparo en las muecas de Román, en el revoleo de ojos, en las salidas graciosas y en los chistes ácidos. Y Román ve lo mismo en su tía, quien se desarma cuando el joven le dice que “Amparo está ahí”.
Pero Amparo se subió a la camioneta y nunca más volvió.
Fuente: Montevideo Portal